domingo, 22 de marzo de 2015

La isla

Después de atravesar el oscuro mar azul, César llega a la antigua tierra británica que aún no tiene tal nombre; la tierra de los bosques profundos, de las tinieblas perpetuas y de los misterios insondables. Sus soldados, quienes con la brevedad de sus disciplinadas espadas han sometido a la salvaje Galia bajo el yugo de la invencible águila romana, quienes derrotarán a las nunca derrotadas legiones de Pompeyo el Grande para ofrecer a Roma la visión de un nuevo dios, sienten temor. Ellos no recuerdan las artes de la lucha y no están dispuestos a enfrentarse a hombres que no pueden ser vistos, a hombres que no son hombres, a hombres que son demonios. César no quiere resignar su valor pero él también siente temor; la densa neblina de la nueva tierra apaga su ardor guerrero e inhibe su ambición de poder. César decide regresar, tal vez el Rubicón ofrezca más gloria.


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